El día amenazaba lluvia, pero nosotras compramos paraguas morados. En realidad, las previsiones meteorológicas, fuesen las que fuesen, no iban a mermar un ápice el entusiasmo con el que encarábamos el Día 8 de Marzo de 2018. Íbamos a participar en un momento histórico y lo sabíamos, lo sentíamos, lo percibíamos con total claridad.

Esa sensación nos llevó en volandas a lo largo de la jornada que comenzó con la lectura del manifiesto, a medio día, en la Fuente de las Batallas. Las comunicadoras íbamos llegando al punto de encuentro luciendo nuestros brazaletes morados y saludándonos con toda la ilusión, como cuando te reencuentras con tus compañeras el primer día de clase a punto de empezar un nuevo curso cargado de expectativas. Nos prestó su voz, para dar comienzo a la lectura del manifiesto, suscrito por comunicadoras de toda España, nuestra admirada compañera Rosa María Calaf. Mientras nosotras leíamos y sosteníamos la pancarta, nuestros compañeros hombres cubrían la noticia; estuvieron a la altura.

Tras una enriquecedora comida de fraternidad, que luego tuvo su correspondiente sobremesa dialogada, comenzamos a elegir lemas que corear durante la mani, teníamos muchas ganas pero poca práctica, eso estaba claro. De entre todas las propuestas ganó sin duda “Sin feminismo, no hay periodismo”, un mensaje corto y sencillo pero sobre todo real y directo. 

Se acercaba la hora, nos turnábamos la pancarta aún enrollada en nuestro camino a la Gran Vía, dejándonos llevar por la corriente del río de personas que tenían el mismo destino, participar en una jornada histórica.

Color, calor, ruido, emoción, piel erizada y nudo en la garganta cuando, en una Gran Vía repleta de personas unidas por la misma causa, cada una la suya, los corazones comenzaron a latir al ritmo de la batukada que abría el camino a una tarde histórica. Da igual si fuimos 50.000 o 30.000, lo importante es que nos visibilizamos como nunca antes como una gran marea lila que había llegado para quedarse.

Gran Vía de Granada, 8 M 2018

Bajo cientos de consignas diferentes, todas reivindicativas, todas justas y necesarias, compañeras de trabajo, amigas, madres, hijas, padres, hijos, compañeros, abuelas, abuelos, reivindicaron, con una sola voz, que esta movilización sin precedentes había conseguido aunarnos a muchas, a muchos y que ya no había marcha atrás.

Si había algo que me llenaba de ilusión ese día era poder compartirlo con Valeria, mi hija de nueve años. Ver lo que estaba pasando a través de sus ojos inquietos y curiosos le daba un plus de esperanza al momento. Y verdaderamente fue especial, incluso en el instante en que el tumulto le superó y comenzó a sentirse mareada. Fue entonces cuando la agarré fuerte de la mano y salimos de la aglomeración. La posibilidad de reiniciar la manifestación a solas con mi pequeña Valeria, bordeando el gentío, descubriendo nuevos slogans, nuevas personas y nuevos carteles le dio una nueva dimensión a la experiencia. Sin duda su curiosidad y asombro unidos a mi motivación y convencimiento fueron el tándem perfecto para hacer del 8M de 2018 una jornada inolvidable.

Ya montadas en el coche Valeria dijo “mamá me alegro mucho de haber venido aunque cuando cierro los ojos vuelvo a escuchar “Manolo, hazte la cena solo” y «me duelen los pies”, a mí también me dolían, tal vez por el paso tan grande que habíamos dado ese día. El primero de todos los que nos quedaban por andar. Porque el 8 de marzo de 2018 fue un punto de partida muy importante, necesitado de un trabajo posterior constante y duradero en el tiempo. Y en ello seguimos, mirando atrás sólo para coger fuerza y seguir ilusionándonos cada día, con una lucha que no debe tener descanso, porque sin duda esa será la única manera de conseguir nuestro objetivo final. Un objetivo que sabemos costará pero que seguirá contando con las Comunicadoras de Granada como aliadas.

Acerca de la autora

Delia Molina Puerta

Trabaja en el mundo de la comunicación desde hace 20 años. Ha sido locutora en Onda Cero Granada y responsable de los Gabinetes de Prensa de la Diputación de Granada y del Ayuntamiento de Pinos Puente. Actualmente colabora con la Fundación Zayas. Profesional de la comunicación convencida de que "Sin feminismo, no hay periodismo".