Carne de gallina sólo con recordar aquel 2 de marzo de 2018, viernes de puente para muchos por la celebración del día de Andalucía. Rondando las siete de la tarde comienzan a entrarme whatsapp, primero explicativos del movimiento que se había puesto en marcha en distintos puntos de la geografía española para conmemorar el 8 de marzo. Esa misma noche acabé en Telegram  con todas las comunicadoras de España que se habían sumado al stunami reivindicativo y en el grupo de Las100 creado ese mismo día por compañeras como Luz Sánchez Gámez y Lola Fernández. Incredulidad. Eso fue lo que sentí en aquellos primeros momentos, eso sí, salpicada con ilusión. Fueron horas pendiente del móvil, invitando a compañeras al grupo de Granada por un lado y leyendo lo que podía del grupo nacional, que crecía y crecía.

El sábado 3 de marzo, comencé a darme cuenta de que algo estaba pasando de verdad. Los diferentes grupos no paraban de aumentar, no sólo con el objetivo de intercambiar opiniones, sino de llevar a cabo medidas específicas que dieran visibilidad al colectivo de mujeres comunicadores, y por ende, al resto de trabajadoras.

Nos constituimos en plataformas. Desde Granada comenzamos a planificar qué podíamos hacer para contribuir a visibilizar las reivindicaciones del colectivo feminista. Primera parada, domingo 4 de marzo en el Cuarto Real de Santo Domingo, para hacernos unas fotos y leer manifiesto de #Lasperiodistasparamos. Todas de negro con lazos morados en las solapas. Todo era emoción, alegría y compañerismo. No quería perderme nada, por eso la noche anterior, pese a tener una cena con grandes amigos, me fui a casa pronto. Había que levantarse y preparar todo para estar puntual en el lugar fijado. No me lo podía creer. Sentí una ilusión renovada, que ya creía perdida en múltiples decepciones. Una vez terminamos de atender a los compañeros de los medios que se acercaron hasta allí, nos fuimos a tomar algo y seguir compartiendo emociones.

Quedaban cuatro días para el 8 de marzo y había mucho que organizar. De nuevo whatsapp fue la solución, y por supuesto, las ganas y el compromiso de muchas compañeras que se ofrecieron a buscar y comprar los materiales para los brazaletes, la pancarta y los paraguas morados porque iba a llover. Varias tardes me costó encontrar uno, pero me iba la vida en ello, para mí era fundamental en aquel momento. Estaba en una nube, no me podía creer lo que estaba pasando en España y en Granada. Diez mil mujeres periodistas eran una, en sus reivindicaciones y sus propuestas, jóvenes y mayores, trabajadoras o en paro, conocidas o no…    

El 8 de marzo, a las 12.00 horas, en la Fuente de las Batallas nos reunimos para leer el manifiesto de las periodistas paramos como ocurrió en muchas otras capitales. Cuatro compañeras explicaron parte de las peticiones y denuncias del colectivo, ante los compañeros de los medios de comunicación, con Rosa María Calaf acompañándonos. Antes, emoción, preparación y esfuerzo por parte de un núcleo que, en todo momento fue fundamental y, aún hoy tres años después lo es.    

Saludos, besos, emoción de contemplar caras a las que llevaba años sin ver. Brazalete morado en el brazo, que aún conservo para que me recuerde siempre aquellos días que hicieron resurgir ilusiones perdidas y esperanza en un futuro diferente para las mujeres periodistas en particular y el colectivo femenino en general. Volví loco a todo mi entorno laboral y personal, que al final se sumó a diferentes acciones.

Y por la tarde la manifestación. Nunca había visto nada igual en un 8 de marzo. Las manifestantes ocupaban toda la Gran Vía. Junto a mujeres y hombres de cualquier edad, se veían muchas jóvenes y adolescentes demandando igualdad de derechos y libertad. Me costaba creer lo que estaba pasando, parecía un sueño hecho realidad. Todo fue muy rápido. En menos de una semana, de un viernes a un jueves, viví una experiencia increíble, que aún hoy, al recordarlo, hace que se me ponga el vello de punta. Ilusión que mantengo intacta dada la necesidad de seguir en la lucha y la reivindicación.     

Acerca de la autora

Lola Prieto Moraleda
Agencia Andaluza de Instituciones Culturales de la Consejería de Cultura

Responsable de Comunicación de los programas de la Agencia Andaluza de Instituciones Culturales. Especialista en temas culturales y feminista convencida.