No es matarte, no es arrebatarte la vida. Es dejarte vivir sin que vuelvas a ser tú. Arrancarte tu
físico, lo que eres a simple vista de cara a los demás.


Muchas. Muchísimas y muchísimos en este país llevamos días con un pellizco en el pecho.
Aunque no creamos en nada ni en nadie, mandamos fuerzas a los hospitales, a Sandra y
Cristina, a Sevilla y a Málaga, para que salgan adelante
. Tienen que hacerlo. Hay que
demostrarle a ese tipejo que no, que no ha conseguido lo que quería.


No puedo apartar de mi cabeza la imagen de las zapatillas Converse junto a la ropa de las
chicas tirada en el suelo, en esa acera rosa de Cártama. Al sentir el ácido en su cuerpo, las dos
se arrojaron del coche en marcha que acabó estrellado contra una farola. Mientras, la tela de
las prendas se les iba cayendo a trozos. Un HORROR con mayúsculas. Es inhumano,
inconcebible en nuestra sociedad. Algo que hasta ahora condenábamos en la distancia, algo
que ocurría a miles de kilómetros. Pero ahora está aquí. Ha sucedido en un pueblo de Málaga.

Coche en el que se desplazaban las víctimas del ataque machista.
Coche en el que se desplazaban las víctimas del ataque machista.

Tengo el coche en el que huyó el agresor a unos veinte metros. Dos agentes de criminalística,
vestidos con sus característicos monos blancos le sacan fotos y toman pruebas. Es un Golf
último modelo en negro mate. La matrícula es tan nueva, que esa letra aún no estoy
acostumbrada a verla en la calle. Lo abandonó tras una persecución la noche anterior en la que
llegó a ir a más de 200 kilómetros por hora. Una persecución que resume lo que es. Una
persona mala que se cree superior al resto. Que vive burlando a la justicia. Dio esquinazo a
más de una quincena de coches de policía en plena autovía. Y seguramente se regodeó por
ello.

El coche en le que huyó el Melillero tras realizar, presuntamente, su ataque machista
El coche en le que huyó el Melillero tras realizar, presuntamente, su ataque machista. Renata Rota

A Sandra llevaba semanas haciéndole la vida imposible. ¿Y todo por qué? Porque ella había
acabado con la relación que mantenían y él no lo encajaba. Ella no lo denunció por miedo, por
temor a represalias. Tiene 26 años, usa internet y redes sociales a diario. Pero no se sintió
segura, no se sintió respaldada por la sociedad. Hay que cambiar eso. Hay que dar seguridad,
apoyo para que no haya ni dudas, ni temores. Para que, al más mínimo miedo, a las primeras
amenazas, se sientan capaces. Por ellas, por las demás. Por las que puedan venir detrás.


Sandra, Cristina, fuerza. Lo vais a conseguir.

Acerca de la autora

Renata Rota